Según estimaciones de las Naciones Unidas, aproximadamente tres cuartas partes de todos los edificios en Gaza han sido destruidos, lo que ha dejado a millones de personas sin hogar y en una situación de extrema vulnerabilidad. La ayuda humanitaria, descrita como entrando "a cuenta gotas", es a todas luces insuficiente para cubrir las necesidades básicas de una población traumatizada.

A la falta de refugio y alimentos se suma el peligro constante de los artefactos explosivos sin detonar, que se encuentran esparcidos por todo el enclave y complican cualquier intento de retorno o reconstrucción.

Con las bajas temperaturas del invierno acercándose, la falta de carpas y otros insumos para protegerse del frío podría provocar una nueva catástrofe sanitaria y humanitaria, afectando principalmente a los más vulnerables, como niños y ancianos.