Los ataques israelíes no solo dejaron destrucción física, sino también una profunda crisis económica para muchos negocios libaneses.

Este viñedo en la Bekaa, que continúa sus labores entre los escombros, sufrió el daño de varias cubas de fermentación y la ruina de 15.000 botellas de vino. A estas pérdidas directas se suma el desafío de la sequía, que agrava la situación de los agricultores de la zona. La historia de este viñedo ilustra cómo las repercusiones de un conflicto armado se extienden mucho más allá del cese de las hostilidades, afectando la capacidad de producción, el empleo y la estabilidad económica de toda una región. La lenta recuperación de estos negocios evidencia la necesidad de apoyo a largo plazo para las zonas afectadas por la guerra, más allá de la ayuda humanitaria inmediata.