Este incidente agrava una situación ya desesperada.

Las Naciones Unidas han advertido repetidamente sobre condiciones de hambruna extrema, y las organizaciones humanitarias denuncian que la ayuda que logra entrar es insuficiente. La mayoría de los desplazados no pueden regresar a sus hogares y dependen de refugios improvisados, como la mezquita Imam al Shafi’i, donde cientos de personas hacen fila diariamente para recibir raciones de comida entre las ruinas. El impacto humano del conflicto es profundo, como lo ilustra la historia de los sobrevivientes acogidos en la Ciudad Humanitaria de los Emiratos. Entre ellos se encuentra Jan Nasser, una niña de 14 años que perdió ambas piernas en un bombardeo israelí y ahora vive separada de su familia, que permanece en un campamento en Gaza. Su historia simboliza el trauma y la resiliencia de una población atrapada en el conflicto, que lucha por reconstruir su vida lejos de la devastación.