No incorpora sus demandas e intereses, como el fin del bloqueo o la reconstrucción sin restricciones. La crítica señala que el acuerdo es una “ficción de paz” que no se sostiene “ni en el papel”, como lo demuestran las continuas violaciones del alto el fuego por parte de Israel y la persistencia de la crisis humanitaria. Se argumenta que este tipo de paz es instrumental, utilizada para legitimar a ciertos actores y discursos —como se vio con el apoyo de la opositora venezolana María Corina Machado a Trump e Israel— mientras se ignora la necesidad de justicia para las más de 68,000 víctimas mortales y la devastación del territorio. Al no abordar problemas de fondo como la infraestructura destruida, el desplazamiento masivo y la escasez de alimentos, el acuerdo no ofrece un camino hacia una paz duradera, sino que simplemente gestiona el conflicto manteniendo el statu quo de la ocupación y el control israelí.