Esto sugiere que, aunque la voluntad política existe en Washington, los detalles operativos y logísticos aún están en una fase inicial.

El escepticismo de muchos actores regionales e internacionales sobre la viabilidad de tal fuerza es un obstáculo considerable.

Preguntas sobre qué países contribuirían con tropas, bajo qué bandera operarían (ONU, una coalición ad hoc), y cómo interactuarían con las facciones palestinas y el ejército israelí, permanecen sin respuesta.

El éxito de esta iniciativa dependerá de un delicado equilibrio diplomático para asegurar que la fuerza sea vista como un estabilizador neutral y no como una fuerza de ocupación o un instrumento de intereses externos.