Durante su visita a Israel, Rubio enfatizó que “Hamás no puede gobernar ni estar implicado en ningún futuro Gobierno de Gaza”.
Esta declaración es la piedra angular de la estrategia estadounidense, que ve el desarme completo del grupo como una condición no negociable para la paz. Rubio lanzó una clara amenaza: “Si Hamás no se desarma, eso constituirá una violación del alto el fuego”.
La visión de Washington es una Gaza donde la gente pueda vivir “sin Hamás”, libre de la influencia de lo que describe como un “grupo terrorista armado”. Sin embargo, mientras Estados Unidos se enfoca en la exclusión de Hamás, los artículos señalan que la región “continúa sin un gobernante”, lo que genera una incertidumbre política total. La declaración de Rubio no ofrece alternativas concretas ni un plan detallado para la administración de Gaza, más allá de la exclusión de Hamás. Esto plantea preguntas críticas sobre quién llenará el vacío de poder, cómo se garantizará la seguridad y cómo se gestionará la reconstrucción. La insistencia en el desarme de Hamás, mientras el grupo palestino reitera su voluntad de aplicar el acuerdo “hasta el final” para proteger a su pueblo, sugiere que el camino hacia una solución política estable y aceptada por todas las partes será extremadamente complejo y contencioso.











