La situación en Gaza es catastrófica.

Millones de personas desplazadas dependen por completo de la ayuda internacional para sobrevivir.

La ONU ha advertido repetidamente sobre una hambruna extrema, pero el flujo de suministros vitales como alimentos, medicinas y combustible sigue siendo inadecuado. El acuerdo de alto el fuego prometía un alivio significativo, pero la realidad en el terreno es diferente.

La restricción de Israel al número de camiones que pueden entrar agrava una situación ya desesperada.

Además, la ayuda se ha visto interrumpida no solo por limitaciones burocráticas y militares, sino también por acciones directas de civiles. El bloqueo de camiones en el cruce de Kerem Shalom por parte de extremistas israelíes es un ejemplo alarmante de cómo las tensiones políticas internas en Israel impactan directamente en la supervivencia de los gazatíes. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) incluso emitió una opinión consultiva que obliga a Israel a facilitar el acceso humanitario de la ONU, lo que subraya la gravedad de las obstrucciones. Esta combinación de ayuda insuficiente y bloqueos deliberados está llevando a la población de Gaza a un punto de quiebre, socavando cualquier posibilidad de estabilización tras el alto el fuego.