Las violaciones incluyen bombardeos, ataques aéreos sobre zonas residenciales y disparos directos contra civiles.

Un caso documentado fue el asesinato de al menos nueve palestinos el 14 de octubre, cuando el ejército israelí confirmó haber abierto fuego contra un grupo de personas que se acercaron a sus soldados. Israel justifica sus acciones argumentando que las víctimas cruzaron la “línea amarilla”, una zona de seguridad temporal no reconocida internacionalmente, o como respuesta a supuestos ataques de Hamás, que el grupo palestino ha negado en algunos casos. La situación se complica por la dificultad de Hamás para recuperar los cuerpos de todos los rehenes fallecidos, una de las justificaciones de Israel para sus acciones, debido a la destrucción masiva y a que algunas zonas permanecen bajo control israelí. Estos eventos subrayan la precariedad de la paz y la persistencia del control militar israelí en el enclave, donde el ejército sigue operando y haciendo cumplir sus propias reglas, a menudo con consecuencias letales para la población civil.