Esta medida, que busca declarar las áreas de asentamiento como “parte inseparable del Estado soberano de Israel”, aviva las tensiones internas y desafía abiertamente a la comunidad internacional. La iniciativa fue aprobada con una ajustada mayoría de 25 votos a favor y 24 en contra, y fue impulsada por figuras de la extrema derecha como Avigdor Maoz, del partido Noam, y celebrada por los ministros Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir. Smotrich declaró que “ha llegado el momento de aplicar la soberanía plena sobre todos los territorios de Judea y Samaria”, mientras que Ben Gvir exclamó: “¡Ha llegado el momento de la soberanía ahora!”. Es notable que el partido Likud del primer ministro Benjamín Netanyahu no apoyó la iniciativa, lo que sugiere una división dentro de la coalición gobernante sobre el momento y la estrategia para una acción tan provocadora. La votación se produjo en un contexto delicado, coincidiendo con la visita de altos funcionarios estadounidenses que supervisan el frágil alto el fuego en Gaza. Este avance legislativo refleja la creciente influencia de los colonos y los partidos ultranacionalistas en la política israelí, quienes presionan para consolidar el control sobre los territorios ocupados, independientemente de las consecuencias diplomáticas o del futuro de un estado palestino. Aunque el proyecto necesita pasar por tres votaciones más para convertirse en ley, su aprobación inicial es un acto simbólico de gran peso que podría desestabilizar aún más la región.