La Knéset, el parlamento de Israel, ha aprobado en una lectura preliminar un controvertido proyecto de ley que busca aplicar la soberanía israelí sobre Cisjordania. Esta medida ha provocado una enérgica condena por parte de altos funcionarios de Estados Unidos, su principal aliado, quienes la consideran un obstáculo para el proceso de paz regional. La iniciativa legislativa, que superó su primera de cuatro votaciones con una ajustada mayoría de 25 votos a favor y 24 en contra, establece que “el Estado de Israel aplicará sus leyes y soberanía a las zonas de asentamiento en Judea y Samaria, para establecer el estatus de estas áreas como parte inseparable del Estado soberano de Israel”. El proyecto es impulsado por figuras de la ultraderecha del gobierno, como el parlamentario Avio Maoz y los ministros Bezalel Smotrich y Itamar Ben Gvir, quienes celebraron el avance como un paso hacia la soberanía plena sobre la “herencia de nuestros antepasados”. La votación se produjo mientras el vicepresidente de EE. UU., J. D. Vance, visitaba Israel para supervisar el alto el fuego en Gaza.
La reacción de Washington fue inmediata y contundente.
Vance calificó la votación como una “maniobra política muy estúpida” y afirmó sentirse “personalmente ofendido”.
Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió que la Casa Blanca “no apoyará en este momento ninguna medida de anexión”, ya que podría “poner en peligro el plan del presidente Trump para poner fin al conflicto”. El propio presidente Trump, en una entrevista citada, fue tajante al afirmar que la anexión “no sucederá” porque Israel “perdería todo el apoyo de Estados Unidos”.
Esta tensión diplomática evidencia una fisura significativa entre los dos aliados, en un momento en que Washington busca consolidar una tregua frágil en Gaza y en un contexto donde otras potencias como Francia y Reino Unido han reconocido formalmente un Estado palestino.
En resumenLa aprobación preliminar de la ley de anexión en la Knéset ha creado una significativa fisura diplomática entre Israel y Estados Unidos. Mientras facciones ultraderechistas del gobierno israelí impulsan la medida, la administración Trump la rechaza categóricamente, advirtiendo que pone en riesgo el plan de paz y el apoyo estadounidense, evidenciando las profundas divisiones internas y externas sobre el futuro de los territorios palestinos.