Sus declaraciones revelan una motivación ideológica profunda y una estrategia para consolidar el control israelí en respuesta a los recientes reconocimientos internacionales del Estado palestino.
El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, y el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, ambos colonos y figuras prominentes de la ultraderecha, han sido los más vocales en su apoyo. Smotrich celebró el resultado de la votación afirmando que era el momento de “aplicar la soberanía plena sobre todos los territorios de Judea y Samaria, la herencia de nuestros antepasados”. Por su parte, Ben Gvir exclamó: “¡Ha llegado el momento de la soberanía ahora!”.
Estas reacciones no son espontáneas; responden a una estrategia política clara.
Ya a mediados de septiembre, ambos ministros habían solicitado al primer ministro Netanyahu que anexionara Cisjordania como una medida punitiva y de reafirmación nacionalista en respuesta directa al reconocimiento del Estado palestino por parte de países como Reino Unido, Canadá y Australia. Este contexto revela que el proyecto de ley no es solo una cuestión de política interna, sino una herramienta de política exterior reactiva. Busca enviar un mensaje contundente a la comunidad internacional: cualquier avance diplomático para los palestinos será contrarrestado con una consolidación de facto de la ocupación israelí, cimentada en una narrativa histórica y religiosa que niega los derechos palestinos.











