El intercambio de rehenes israelíes por prisioneros palestinos, un componente central del acuerdo de tregua, se ha completado parcialmente pero no sin controversias. Mientras se celebra el regreso de los cautivos, persisten disputas sobre la devolución de los cuerpos y las condiciones de liberación de los palestinos. El acuerdo contempló la liberación de los 20 rehenes que quedaban con vida en manos de Hamás a cambio de 1.968 palestinos detenidos en cárceles israelíes. Sin embargo, el proceso ha estado plagado de tensiones. Una de las principales fuentes de conflicto es la devolución de los cuerpos de los rehenes fallecidos. Hamás ha retornado al menos 10 de los 28 cuerpos estimados, pero ha informado, junto con el Comité Internacional de la Cruz Roja, de las dificultades logísticas para recuperar todos los restos debido a la masiva destrucción en Gaza y al hecho de que algunas zonas siguen bajo control militar israelí.
Israel ha utilizado estos retrasos como pretexto para justificar sus propias violaciones del alto el fuego.
Por otro lado, la liberación de los prisioneros palestinos también ha generado polémica. Se ha denunciado que 154 de los palestinos que debían ser liberados fueron expulsados directamente a Egipto, una acción que contraviene los principios de un retorno seguro. Además, mientras se negocia la devolución de cuerpos de rehenes, Israel ha repatriado 135 cadáveres de palestinos a Gaza, un proceso que también se desarrolla en medio de la desconfianza y las acusaciones mutuas.
En resumenAunque el intercambio de rehenes vivos por prisioneros representó un avance humanitario, el proceso global está empañado por la desconfianza y las controversias. Las disputas sobre la devolución de cuerpos y las denuncias sobre la expulsión de prisioneros palestinos liberados revelan que incluso los aspectos más celebrados del acuerdo están sujetos a interpretaciones conflictivas y posibles incumplimientos.