El ministro, condenado en 2007 por incitación al racismo, exigió a Netanyahu lanzar un “ultimátum claro” para detener toda la ayuda humanitaria a Gaza si Hamás no devolvía todos los cuerpos.

Por su parte, el analista Joseph Hage afirmó que la liberación de los rehenes vivos le quitó a Hamás su “póliza de seguro de vida”, dejando a Israel con “las manos desatadas”. Según Hage, el gobierno israelí ha sido claro en su postura: “Si Hamás no entrega sus armas, el ejército israelí va a entrar otra vez a la ciudad de Gaza y se las va a quitar por la fuerza”. Esta visión refleja la postura del estamento militar y político de Israel, que considera el desarme de Hamás una condición no negociable para la seguridad a largo plazo y para permitir la reconstrucción del enclave.