Desde el inicio del alto el fuego, al menos 30 palestinos habrían muerto por cruzar la denominada “línea amarilla”, una zona de exclusión impuesta por Israel.

Analistas como Víctor de Currea-Lugo advierten que “presentar un cese al fuego como si fuera una paz definitiva es perverso”, ya que las treguas pueden servir para reorganizar ejércitos y darle oxígeno a la ocupación, como se ha visto en otros conflictos.