En un giro inesperado, Trump solicitó públicamente al presidente israelí, Isaac Herzog, que indulte al primer ministro Benjamín Netanyahu, quien enfrenta un juicio por corrupción.

La visita de Trump fue un acto de alto simbolismo político. Tras concretarse la liberación de los últimos rehenes, fue calificado por legisladores como un “amigo eterno de Israel”.

En su discurso, aseguró que su propósito era garantizar la estabilidad del acuerdo de paz. Sin embargo, el momento más controvertido fue su petición de indulto para Netanyahu, procesado por soborno, fraude y abuso de confianza.

“Señor presidente, ¿por qué no le concede un indulto?”, preguntó Trump, minimizando las acusaciones al decir: “puros y champán, ¿a quién le importa?”.

Añadió que Netanyahu ha sido “uno de los mejores presidentes en tiempos de guerra”. Esta solicitud, que Trump admitió no estaba en su discurso preparado, fue aplaudida por parte de la cámara. La intervención se produjo mientras dos diputados de la coalición árabe-judía Hadash Taal eran expulsados por portar pancartas pidiendo el reconocimiento de Palestina. El presidente del Knesset, Amir Ohana, incluso anunció que promoverían la candidatura de Trump para el Premio Nobel de la Paz, afirmando que “no hay nadie que lo merezca más”.