El acuerdo, impulsado por la administración Trump, fue presentado como una victoria diplomática monumental. En un discurso ante el Parlamento israelí, Trump proclamó que “la larga y dolorosa pesadilla ha llegado finalmente a su fin” y describió el pacto como “el amanecer histórico de un nuevo Medio Oriente”. El mandatario estadounidense fue el protagonista de la cumbre en Egipto, donde junto a los líderes de los países mediadores selló un plan de 20 puntos que establece un alto el fuego, la liberación de rehenes, la entrada de ayuda humanitaria y un marco para la futura gobernanza de Gaza. Sin embargo, la ausencia de representantes de Israel y Hamás en la firma del documento ha sido un punto central de escepticismo.
Trump afirmó que el acuerdo era “el más grande y complejo” y que evitaría una Tercera Guerra Mundial, destacando que “nunca antes había visto tanta felicidad”.
A pesar de su optimismo, la implementación del plan depende de la voluntad de las partes directamente enfrentadas, cuyas posturas sobre temas cruciales como el desarme y la soberanía siguen siendo distantes. El pacto fue ratificado en un contexto de intensa actividad diplomática, con el objetivo de establecer una nueva era de estabilidad en la región.













