El movimiento islamista Hamás ha declarado unilateralmente que la guerra en Gaza “ha terminado por completo”, afirmando haber recibido garantías de Estados Unidos y mediadores internacionales. Sin embargo, la fría reacción de Israel evidencia la fragilidad del acuerdo y la profunda desconfianza que persiste entre ambas partes. El anuncio fue realizado por Khalil al Hayya, jefe de la delegación negociadora de Hamás, a través de una transmisión en Al Jazeera. En su mensaje, sostuvo que el acuerdo contempla garantías de Estados Unidos, Qatar, Egipto y Turquía para asegurar un alto el fuego permanente, la retirada total de las tropas israelíes del enclave y la apertura de todos los cruces fronterizos, incluido el de Rafah. Para Hamás, este pacto representa “el cierre formal del ciclo de guerra iniciado en octubre de 2023”. Esta declaración busca proyectar una imagen de victoria y el cumplimiento de sus principales objetivos estratégicos.
No obstante, la respuesta de Israel fue inmediata y escéptica.
Fuentes oficiales israelíes, que no han confirmado su adhesión a un alto el fuego formal y permanente, calificaron el anuncio de Hamás como “superfluo y perjudicial”. Esta reacción sugiere que Israel interpreta el acuerdo como una tregua temporal y condicionada, no como el fin definitivo de las hostilidades.
La discrepancia en la interpretación del alcance del pacto pone de manifiesto la enorme brecha de confianza y los diferentes objetivos finales de cada bando, lo que podría complicar la transición hacia una paz sostenible.
En resumenLa declaración de Hamás sobre el fin de la guerra es un audaz movimiento político para proclamar una victoria. Sin embargo, la falta de confirmación por parte de Israel y la cautela internacional sugieren que el camino hacia una paz duradera sigue siendo incierto y lleno de obstáculos.