Egipto está incrementando su dependencia del gas natural proveniente de Israel, en lo que se describe como un "acuerdo humillante" que genera un fuerte rechazo popular. Esta cooperación energética se profundiza a pesar de la condena generalizada en el mundo árabe a las acciones militares de Israel. La noticia, aunque breve, revela una profunda contradicción en la política regional de Oriente Medio. Por un lado, existe una fuerte oposición pública y solidaridad con la causa palestina en Egipto, un sentimiento que se ha intensificado durante la prolongada ofensiva israelí en Gaza.
Por otro lado, las necesidades estratégicas y energéticas del Estado egipcio lo están llevando a estrechar lazos económicos con Israel.
La infraestructura clave en esta relación es la plataforma de gas natural Leviatán, situada en el mar Mediterráneo frente a la costa israelí, desde donde se exporta el gas. Esta dependencia económica otorga a Israel una palanca de influencia significativa sobre Egipto, la nación árabe más poblada y un actor geopolítico crucial en la región. El hecho de que esta cooperación no solo continúe sino que aumente en medio de un conflicto tan intenso demuestra cómo los intereses pragmáticos de los gobiernos pueden divergir drásticamente de la opinión pública, creando una dinámica compleja donde la retórica política y la realidad económica siguen caminos separados.
En resumenLa creciente dependencia de Egipto del gas natural israelí pone de manifiesto una de las principales paradojas geopolíticas de Oriente Medio. Mientras que el sentimiento popular en Egipto es fuertemente antiisraelí, las necesidades energéticas del gobierno están forjando una asociación económica más profunda, lo que proporciona a Israel una importante influencia estratégica y económica sobre la nación árabe más poblada y pone de relieve la compleja interacción entre el pragmatismo y la política en la región.