El ejército israelí continúa con su estrategia de bombardear edificios de gran altura en la ciudad de Gaza, habiendo atacado recientemente una cuarta estructura de este tipo. Israel sostiene que estas edificaciones son utilizadas por Hamás como centros operativos, mientras que las autoridades palestinas afirman que se trata de estructuras de uso civil. La táctica de destruir torres residenciales y de oficinas se ha convertido en una característica distintiva de la ofensiva israelí en la Franja de Gaza. Desde la perspectiva militar israelí, estos ataques son necesarios para desmantelar la infraestructura de Hamás. Afirman que el grupo islamista utiliza estos edificios para albergar centros de mando y control, ocultar armamento o como posiciones para sus operativos, aprovechando la presencia de civiles como escudos humanos. Por lo tanto, su destrucción es presentada como un objetivo militar legítimo y crucial para debilitar la capacidad de Hamás de continuar la lucha.
Sin embargo, esta estrategia tiene un costo humanitario devastador.
Las autoridades palestinas y organizaciones de derechos humanos denuncian que estos bombardeos constituyen un castigo colectivo y que las estructuras atacadas son principalmente de uso civil, albergando viviendas, oficinas, comercios y medios de comunicación. La destrucción de estas torres no solo causa víctimas civiles, sino que también agrava la crisis de desplazamiento, dejando a miles de familias sin hogar y aniquilando el tejido social y económico de la ciudad. La controversia sobre el estatus de estos edificios —objetivos militares legítimos o bienes civiles protegidos— se encuentra en el centro del debate sobre la legalidad y proporcionalidad de las acciones de Israel bajo el derecho internacional humanitario, generando una fuerte condena por parte de la comunidad internacional.
En resumenLa destrucción sistemática de edificios altos en Gaza por parte de Israel es una estrategia militar controvertida. Mientras Israel la defiende como necesaria para eliminar centros de operaciones de Hamás, los palestinos y grupos de derechos humanos la condenan como un ataque desproporcionado contra infraestructura civil, con graves consecuencias humanitarias.