La recuperación de los cuerpos de más rehenes y las continuas protestas de sus familiares intensifican la presión sobre el gobierno de Netanyahu, acusado de retrasar las negociaciones para un alto el fuego que permita la liberación de los cautivos. Esta tensión interna refleja una profunda división en la sociedad israelí sobre el rumbo de la guerra. Recientemente, las fuerzas israelíes recuperaron en Gaza los cuerpos de Ilan Weiss, de 56 años, y de Idan Shtivi, de 28. Según cifras oficiales, de los 251 secuestrados el 7 de octubre de 2023, aún permanecen 48 en la Franja, y se estima que al menos 20 siguen con vida.
Estas noticias han avivado la indignación pública.
Miles de manifestantes, liderados por el Foro de Familias de Rehenes y Desaparecidos, han bloqueado carreteras principales en Tel Aviv, exigiendo un acuerdo inmediato. Los familiares acusan al gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu de dilatar deliberadamente las negociaciones con Hamás, influenciado por los miembros de extrema derecha de su coalición que se oponen a cualquier tregua.
La percepción general es que la estrategia militar actual, especialmente la inminente ofensiva sobre Ciudad de Gaza, pone en peligro mortal a los rehenes restantes.
Una familiar de los secuestrados expresó su sentir: “terminar esta guerra y acabar con el sufrimiento de ambos lados”. Este clamor popular evidencia el dilema central que enfrenta Israel: la persecución del objetivo militar de destruir a Hamás frente a la urgencia humanitaria de rescatar a sus ciudadanos.
En resumenEn medio de protestas continuas y la recuperación de más rehenes muertos, el gobierno israelí enfrenta una creciente presión interna para asegurar un acuerdo de alto el fuego con Hamás, ya que muchos ciudadanos creen que la estrategia militar actual pone en peligro la vida de los cautivos restantes.