García evitó dar fechas concretas para un nuevo proceso, admitiendo que podría extenderse hasta 2026.

Esta situación de estancamiento alimenta el escepticismo ciudadano hacia las grandes obras públicas, una percepción reflejada en sátiras sobre proyectos que se enredan en "adiciones y otrosí". Mientras la administración insiste en la necesidad de garantizar diseños sólidos, el viaducto de Mirolindo sigue siendo una "obra esperada, pero incierta", que pone a prueba la paciencia de los ibaguereños.