La violencia en Cúcuta ha alcanzado un punto crítico en 2025, igualando el número total de homicidios de todo el año anterior en menos de once meses. Esta escalada se atribuye a la aparición de nuevos actores criminales y se agrava por una alarmante tasa de impunidad y la saturación del sistema judicial. Para los primeros días de noviembre de 2025, la ciudad ya registraba 365 asesinatos, la misma cifra con la que cerró todo el 2024, lo que representa un aumento del 37 % en comparación con el mismo periodo del año anterior. El coronel Libardo Ojeda, comandante de la Policía Metropolitana de Cúcuta (Mecuc), ha planteado como posible causa “la llegada de otros actores criminales, especialmente del Catatumbo”.
Esta situación se ve exacerbada por un sistema de justicia desbordado.
La Fundación Progresar advirtió que los índices de impunidad en la ciudad alcanzaron el 97 %, lo que, en palabras de su presidente Wilfredo Cañizares, significa que “a cualquiera le sale barato cometer un crimen en la ciudad”. Desde el sector judicial, la seccional de Asonal Judicial reporta una congestión de más de 3.500 casos activos por cada funcionario, describiendo un sistema “colapsado”. Los investigadores enfrentan además la falta de colaboración ciudadana por miedo a represalias y la dificultad de perseguir a delincuentes que huyen a Venezuela, donde no hay cooperación judicial efectiva. Como respuesta, el coronel Ojeda anunció el refuerzo de la Sijín con 30 nuevos agentes y de la seccional de Inteligencia con 20 más, además de la implementación de ‘caravanas por la vida’ para patrullajes preventivos.
En resumenLa espiral de violencia homicida en Cúcuta es un problema complejo que desborda la capacidad policial, evidenciando un sistema judicial sobrecargado y una alta impunidad que alimenta el crimen. Las medidas de refuerzo policial son un primer paso, pero la crisis demanda soluciones estructurales profundas para restaurar la seguridad y la justicia.