Cúcuta enfrenta una grave crisis de seguridad pública tras superar en noviembre la cifra total de homicidios registrada en todo el 2024. Este alarmante incremento, que representa un 37 % más de casos en comparación con el mismo periodo del año anterior, es atribuido por las autoridades a la incursión de nuevos actores criminales y a un abrumador índice de impunidad que desafía la capacidad del sistema judicial. Con 365 asesinatos registrados en los primeros días de noviembre, la ciudad igualó el total del año previo, evidenciando una escalada de violencia que ha puesto en alerta a la ciudadanía y a las instituciones. El coronel Libardo Ojeda, comandante de la Policía Metropolitana de Cúcuta (Mecuc), ha señalado como una de las posibles causas “la llegada de otros actores criminales, especialmente del Catatumbo”, lo que podría estar reconfigurando las dinámicas delictivas locales.
Esta situación se ve agravada por un sistema de justicia desbordado.
Según la Fundación Progresar, la impunidad en la ciudad alcanza el 97 %, lo que significa que solo tres de cada cien delitos avanzan en su investigación.
Fuentes del sector judicial confirman el colapso, con funcionarios que manejan más de 3.500 casos activos, una notoria escasez de defensores públicos y dificultades para recolectar pruebas debido al temor de los testigos a represalias.
Además, la condición fronteriza facilita la fuga de delincuentes hacia Venezuela, donde la cooperación judicial es prácticamente inexistente. Como respuesta, el coronel Ojeda anunció el refuerzo de los equipos de investigación con 30 nuevos agentes para la Sijín y 20 para la seccional de Inteligencia, junto con la implementación de ‘caravanas por la vida’. Sin embargo, el panorama se complica con un recorte presupuestal previsto de 74.000 millones de pesos para el sector justicia el próximo año, lo que amenaza la capacidad de respuesta institucional.
En resumenEl récord de homicidios en Cúcuta expone una crisis compleja, impulsada por nuevas dinámicas criminales y un sistema judicial estructuralmente sobrepasado. A pesar de los refuerzos policiales, la alta tasa de impunidad y los desafíos sistémicos sugieren que una solución duradera requiere no solo acciones operativas, sino también un fortalecimiento profundo de toda la cadena judicial para restaurar la confianza y el orden.