El evento no solo representó un hito cultural, sino que también funcionó como un catalizador para la economía local. Según la Secretaría de Desarrollo Económico, los ingresos directos e indirectos superaron los 21 millones de dólares, impulsando sectores como la hotelería, que alcanzó picos de ocupación superiores a los registrados durante la COP16 de 2024, así como la gastronomía y el transporte. Mabel Lara, secretaria del ramo, afirmó que “eventos de esta magnitud dinamizan la economía local, generan empleo y posicionan a Cali como un destino atractivo para el turismo cultural”. El éxito logístico, que incluyó un complejo plan de movilidad con cierres viales, rutas especiales del MIO con horario extendido y zonas seguras para más de 2.000 taxis certificados, demostró la capacidad de la ciudad para albergar eventos de talla mundial. Tras el éxito, miles de caleños manifestaron en redes sociales su deseo de que la ciudad atraiga a más artistas internacionales de la talla de Bad Bunny o Karol G, argumentando que Cali cuenta con la infraestructura y el público necesarios. Este clamor ciudadano pone de relieve una percepción de que la ciudad ha sido “olvidada” por los grandes promotores, a pesar de su potencial para consolidarse como un escenario clave para el entretenimiento en Colombia.