Natalia Aristizábal, bióloga del Dagma, explicó que la intervención genera una nueva dinámica ecológica.
“Se convierten en un corredor que atrae polinizadores. Esto permite que haya más insectos y, por ende, más aves en busca de alimento, generando un ecosistema más completo y activo”, afirmó.
La transformación ha sido bien recibida por la comunidad.
Transeúntes, residentes y comerciantes del sector han sido testigos del cambio positivo.
Laura Camila Sandoval Barrios, una corredora frecuente, comentó que “ahora se disfruta mucho más del trayecto, viendo las flores y cómo se transforma el paisaje”.
Visitantes de otras ciudades también han elogiado la iniciativa, destacando la belleza del espacio recuperado. Con esta acción, la administración busca que la biodiversidad se manifieste a la altura de los ojos de los ciudadanos, invitándolos a conectar con la naturaleza en el corazón de la ciudad.








