La principal preocupación de los opositores es que el pacto “inunde la UE con importaciones de alimentos baratos”, lo que perjudicaría a los productores locales. Esta inquietud ha movilizado a los agricultores europeos, que denuncian no haber sido consultados.

En París, cientos de agricultores del sindicato Coordinación Rural bloquearon calles con sus tractores, llegando hasta la Torre Eiffel y edificios gubernamentales en una manifestación que el gobierno francés tildó de “ilegal”.

El presidente Emmanuel Macron ratificó su voto negativo al acuerdo.

A pesar de las protestas y la disidencia interna, el tratado está más cerca de ser una realidad, y ahora deberá ser aprobado en la Eurocámara para entrar en vigor.