Irán enfrenta una de las mayores olas de protestas en años, impulsadas por la crisis económica, que han adquirido un carácter político desafiando al régimen clerical. Las autoridades han respondido con una fuerte represión y apagones de internet para silenciar a los manifestantes. Las movilizaciones, que comenzaron por la mala situación económica, la caída del rial y la elevada inflación, se han extendido a más de 111 ciudades y se consideran la mayor demostración de fuerza de los opositores en años. Las autoridades han respondido con contundencia, imponiendo un “apagón casi total de internet” y cortando las comunicaciones telefónicas para limitar la organización de los manifestantes. Organizaciones de derechos humanos denuncian una severa represión que ha dejado un saldo de al menos 45 muertos, incluidos ocho niños, cientos de heridos y más de 2.000 detenidos. El líder supremo Alí Jamenei ha reconocido el malestar económico pero ha señalado a Estados Unidos como responsable del incremento del tipo de cambio. El gobierno iraní ha acusado a EE.
UU. e Israel de incitar la “violencia, terrorismo y asesinato”.
Por su parte, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha alentado las protestas y advirtió que su país intervendría si mueren más manifestantes, a lo que Teherán respondió que cualquier interferencia extranjera tendría “graves consecuencias”.
La situación ha movilizado también a figuras en el exilio, como Reza Pahlavi, el príncipe heredero del sha, quien desde EE.
UU. animó a los iraníes a salir a las calles.
En resumenUna severa crisis interna en Irán, originada por problemas económicos, es enfrentada por el régimen con represión y apagones de comunicación. El gobierno culpa a potencias extranjeras, principalmente a Estados Unidos, lo que añade una peligrosa dimensión geopolítica al conflicto.