La situación humanitaria se agrava con ataques a infraestructura energética crítica que dejan a miles de personas sin servicios básicos en pleno invierno. Recientemente, Rusia atacó Kiev con un misil hipersónico Oréshnik, afectando casi 6.000 edificios residenciales que quedaron sin calefacción y dañando la embajada de Catar. El alcalde de la capital pidió desalojar la ciudad, mientras el presidente Zelenski exigió una “reacción clara” de la comunidad internacional.
Los ataques masivos con drones rusos también han causado una emergencia humanitaria en Dnipropetrovsk, donde un millón de hogares quedaron sin calefacción ni agua. En el ámbito diplomático, negociadores estadounidenses y ucranianos se reunieron en París para abordar los “asuntos más difíciles” para un alto el fuego, incluyendo el estatus de los territorios ocupados. Como resultado, los aliados de Kiev, en la denominada ‘Coalición de Voluntarios’, acordaron la “Declaración de París”, que contempla garantías de seguridad vinculantes para Ucrania. Estas garantías incluyen el posible despliegue de una fuerza multinacional europea, con tropas de Francia y Reino Unido, para reforzar al ejército ucraniano y ejercer disuasión frente a Rusia. Ante esta posibilidad, Moscú reaccionó declarando que cualquier soldado extranjero en Ucrania será considerado un “objetivo militar legítimo”, elevando el riesgo de una confrontación directa con países de la OTAN.












