La población civil, ya afectada por una prolongada crisis, ahora enfrenta el miedo, la incertidumbre y la destrucción provocada por la intervención.

Medios estadounidenses reportaron que los bombardeos habrían dejado al menos 80 muertos, mientras que un funcionario venezolano cifró las víctimas en al menos 40.

Entre los fallecidos confirmados se encuentran ciudadanos de otras nacionalidades, como la colombiana Yohana Rodríguez Sierra, quien vivía en Venezuela desde hacía 12 años, y 32 ciudadanos cubanos que, según La Habana, cumplían misiones en el país. El ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino, acusó a Estados Unidos de “asesinar a sangre fría” a miembros del equipo de seguridad de Maduro y a “civiles inocentes”. Los testimonios de los residentes de Caracas y otras zonas afectadas pintan un cuadro de terror.

Un joven en una videollamada relató cómo “las ventanas vibraron” durante los bombardeos.

Tres días después de la operación, se informa que “el miedo y el silencio reinan en las calles” de la capital, ya que la gente teme salir a celebrar por la permanencia del control chavista sobre las fuerzas de seguridad. La ONU ha pedido que en el proceso judicial contra Maduro no se dejen de lado los crímenes y violaciones de derechos humanos documentados durante su régimen.