Las reacciones reflejan las fracturas ideológicas y los alineamientos geopolíticos globales.
Un bloque de países, principalmente gobiernos de izquierda de América Latina y aliados tradicionales de Caracas, rechazó la operación. Brasil la calificó como el cruce de una “línea inaceptable”, mientras que los gobiernos de Colombia, México, Chile, Uruguay y España emitieron un comunicado conjunto expresando su preocupación por la “estabilidad regional”. Aliados estratégicos de Maduro como Rusia, China e Irán condenaron la acción y exigieron la “liberación inmediata” del líder venezolano. Pekín advirtió que la captura “amenaza la paz y la estabilidad en América Latina y el Caribe”. Cuba también se sumó a las condenas, y Corea del Norte calificó el hecho como la “más grave violación de la soberanía”. En contraste, otros líderes internacionales celebraron la caída de Maduro. El presidente de Argentina, Javier Milei, se pronunció con la frase “La libertad avanza”. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, felicitó a Donald Trump por la operación. La Unión Europea, aunque no se sumó a la declaración de condena de España, reiteró su llamado a una “transición democrática”. La controversia llevó a la convocatoria de una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU para discutir la situación.












