Este hecho ha generado un terremoto político que redefine las relaciones en el hemisferio.

La madrugada del 3 de enero, una ofensiva militar estadounidense sacudió Caracas y los estados de Miranda, Aragua y La Guaira. La operación, que el presidente Donald Trump afirmó haber seguido “en tiempo real”, involucró a 150 aeronaves, fuerzas especiales como la unidad Delta Force y tácticas de guerra electrónica para lograr una 'ceguera electrónica' de las defensas venezolanas.

Los ataques se dirigieron a objetivos militares clave, incluyendo el Fuerte Tiuna.

Según Trump, la captura de Maduro en una residencia descrita como una “fortaleza” se produjo sin resistencia, aunque advirtió que tenía una “orden letal” y que habría “explotado el lugar en 47 segundos” si el líder venezolano se hubiera opuesto.

Expertos militares describieron la operación como “veloz, precisa y con fuerzas especiales”. La acción dejó a la capital venezolana sumida en el miedo y la incertidumbre, con ciudadanos reportando fuertes explosiones que hicieron vibrar los edificios y un silencio generalizado en las calles. La legalidad de la operación ha sido cuestionada por especialistas, quienes señalan que no contó con la aprobación del Congreso estadounidense ni de las Naciones Unidas, calificándola como una violación del derecho internacional.