En medio de esta crisis, el presidente estadounidense elevó el tono, advirtiendo que Washington podría “actuar” si hay represión. Trump afirmó que “acudirá al rescate de las personas” si matan a manifestantes.

Altos funcionarios iraníes rechazaron firmemente esta postura, calificándola de interferencia y una “línea roja”.

El fiscal general de Irán prometió “firmeza” si las protestas provocan “desestabilización”. A pesar de acusar a presiones externas de fomentar los disturbios, el gobierno iraní ha mostrado una doble cara, con el presidente Masoud Pezeshkian instando a escuchar las “demandas legítimas” de los ciudadanos y anunciando un diálogo inédito para atender las demandas sociales. La situación sigue siendo volátil, con el potencial de una mayor escalada tanto a nivel interno como en el frente diplomático con Estados Unidos.