Las organizaciones humanitarias se negaron a cumplir con esta exigencia, asegurando que podría convertir a sus colaboradores en objetivos militares.
Esta decisión ha sido duramente criticada a nivel internacional, y cancilleres de diez países han alertado sobre el carácter "catastrófico" de la crisis, señalando que el colapso de la infraestructura sanitaria deja a miles de personas en una situación de extrema vulnerabilidad. En el plano diplomático, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reunió con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en Florida. El encuentro tuvo como objetivo principal avanzar hacia la segunda fase de un plan de paz, que contempla como punto crucial el desarme de Hamás.
Trump afirmó que Israel ha "cumplido" con su parte y advirtió que Hamás "lo pagará caro" si no renuncia a las armas. El brazo armado de la organización palestina, sin embargo, ha insistido en que "no renunciará" a las armas mientras "la ocupación" israelí perdure, lo que representa un obstáculo significativo para el acuerdo. Mientras tanto, la población de Gaza enfrenta un invierno crudo en refugios improvisados, con acceso limitado a la ayuda y bajo la amenaza de la reanudación de las hostilidades.













