El pacto, alcanzado tras intensas negociaciones, busca poner fin a una disputa territorial que había escalado a un conflicto armado a gran escala.
Los ministros de Defensa de ambos países, Nattaphon Narkphanit de Tailandia y Tea Seiha de Camboya, firmaron el documento en un puesto de control fronterizo, culminando tres días de conversaciones entre oficiales militares. El acuerdo establece una tregua que se aplica a "todo tipo de armas, incluidos los ataques contra civiles, bienes civiles e infraestructuras". Este avance se produjo después de 16 días de intensos combates que dejaron un saldo de al menos 101 personas muertas y más de un millón de desplazados, según los informes. La violencia había estallado por reivindicaciones territoriales, y ambos países se habían acusado mutuamente de romper una tregua anterior que había sido negociada con la mediación de Malasia y Estados Unidos. La decisión de reanudar el diálogo se tomó en el marco de una reunión de líderes del sudeste asiático en Kuala Lumpur, lo que demuestra la presión regional para encontrar una solución pacífica. La firma del alto el fuego representa un paso crucial para la desescalada del conflicto y el inicio de un proceso para resolver las disputas subyacentes por la vía diplomática, aliviando la crisis humanitaria que afectaba a las poblaciones fronterizas.












