Irán continúa siendo un foco central de las tensiones en Medio Oriente, con su programa nuclear y su influencia regional en el centro de las discusiones entre Estados Unidos e Israel. Al mismo tiempo, el gobierno iraní enfrenta presiones internas debido a protestas de comerciantes, lo que añade un elemento de inestabilidad al complejo panorama geopolítico. Durante la reciente reunión en Florida entre el presidente Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, el programa nuclear de Irán fue uno de los temas prioritarios. Ambos líderes discutieron las estrategias para contener las ambiciones nucleares de Teherán, así como la influencia de sus aliados en la región, como el grupo libanés Hezbolá. Esta preocupación compartida subraya la alianza estratégica entre Washington y Tel Aviv frente a lo que consideran la principal amenaza para la estabilidad regional. La tensión se vio agravada por un incidente separado, en el que Israel anunció la muerte en Líbano de Hussein Mahmoud Marchad al-Jawhari, un líder de la Guardia Revolucionaria de Irán en el extranjero. Según el ejército israelí, su vehículo fue atacado por un dron, acusándolo de dirigir una facción dedicada a atacar a Israel.
A nivel interno, el gobierno iraní también enfrenta desafíos.
El presidente Masoud Pezeshkian ha instado al ministerio del Interior a "escuchar las demandas legítimas" de los manifestantes, tras varios días de protestas de comerciantes en Teherán. Estas manifestaciones se producen en un contexto de crisis económica, con la moneda iraní alcanzando nuevos mínimos históricos en el mercado no oficial, lo que refleja el descontento popular y la presión sobre el régimen.
En resumenIrán se encuentra bajo una doble presión: una externa, liderada por Estados Unidos e Israel, que buscan frenar su programa nuclear y su influencia regional, y otra interna, con un creciente descontento social por la crisis económica. Esta combinación de factores mantiene a Irán como un punto crítico de inestabilidad en la geopolítica de Medio Oriente.