La decisión de Israel de convertirse en el primer país del mundo en reconocer a Somalilandia como un Estado soberano ha provocado una ola de rechazo internacional. La medida, que remodela la dinámica geopolítica en el Cuerno de África, ha sido condenada enérgicamente por Somalia, la Liga Árabe y múltiples naciones, que la consideran una violación del derecho internacional. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, enmarcó la decisión en el "espíritu de los Acuerdos de Abraham", pero la respuesta fue inmediata y mayoritariamente negativa. Somalia, que considera a Somalilandia una región separatista, calificó el anuncio como una violación de su soberanía y provocó indignación en su capital, Mogadiscio. La Liga Árabe convocó una reunión de emergencia para condenar el reconocimiento.
A esta voz se sumaron decenas de entidades y países, incluyendo potencias regionales como Turquía y Arabia Saudita, así como la Unión Africana. El Consejo de Seguridad de la ONU también tiene previsto reunirse para discutir las implicaciones de esta acción unilateral.
La controversia ha generado tensiones que involucran a otras potencias globales; Irán y China también han expresado su rechazo.
En medio de la tormenta diplomática, Estados Unidos ha adoptado una postura matizada. La representante estadounidense ante la ONU defendió el derecho de Israel a tomar sus propias decisiones de reconocimiento, aunque aclaró que la política de Washington de no reconocer a Somalilandia como un estado independiente no ha cambiado. Este movimiento israelí es visto por analistas como un gesto de desdén hacia Turquía y podría desestabilizar una región ya de por sí volátil, reavivando debates sobre soberanía y fronteras en el continente africano.
En resumenEl reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel ha generado una crisis diplomática a gran escala, aislando a Israel en esta decisión y provocando la condena de actores clave en África y Medio Oriente. La medida amenaza con desestabilizar el Cuerno de África y pone a prueba las alianzas regionales, mientras Estados Unidos mantiene una posición ambigua.