La condición central impuesta por Israel y respaldada por Estados Unidos es clara: "tiene que haber un desarme" de Hamás.
Trump fue enfático al advertir que la milicia "lo pagará caro" si no depone las armas pronto.
Sin embargo, esta exigencia choca frontalmente con la postura del grupo palestino.
El portavoz de su brazo armado insistió en que "no renunciará" a las armas mientras "la ocupación" del Estado hebreo en el enclave "perdure". Este punto muerto pone en grave riesgo la continuidad del acuerdo.
La implementación de la primera fase ya ha sido lenta y ha estado marcada por acusaciones mutuas de violaciones al alto el fuego, lo que ha impedido que la calma sea total en las calles de Gaza. Mientras tanto, la crisis humanitaria se agrava con la llegada del invierno, que afecta a miles de desplazados que viven en tiendas de campaña precarias. El conflicto, que según análisis ha visto una radicalización creciente en los últimos 25 años, ha relegado la solución de los dos Estados y ha dejado un saldo de miles de muertos. La confirmación de la muerte del líder de Hamás en Gaza, Mohamed Sinwar, añade un elemento de incertidumbre sobre el futuro liderazgo y la estrategia del grupo.












