Su intento de fuga provocó una reacción inmediata del sistema judicial brasileño. El magistrado Alexandre de Moraes, instructor del proceso, ordenó la detención domiciliaria para una decena de otros procesados en la misma causa para evitar nuevas fugas. Mientras tanto, la figura central del movimiento, el expresidente Jair Bolsonaro, cumple una condena de 27 años de prisión por planear el golpe. Recientemente, el Supremo Tribunal Federal le autorizó a salir temporalmente de la cárcel para someterse a dos cirugías en un hospital de Brasilia, una por una hernia y otra para tratar un hipo crónico derivado de una puñalada que sufrió en 2018. Estos eventos subrayan que, aunque el intento de golpe fue frustrado, sus secuelas siguen siendo un factor activo en la política y la justicia de Brasil.