La relación entre Estados Unidos y Venezuela ha entrado en una fase de confrontación directa con el despliegue de una importante fuerza militar estadounidense en el Caribe y la imposición de un bloqueo naval para interceptar buques petroleros vinculados al gobierno de Nicolás Maduro. Esta estrategia de máxima presión ha sido denunciada por Caracas como un acto de "piratería estatal" y ha generado un foco de tensión geopolítica con implicaciones globales. La administración Trump ha justificado su acción como una operación antidrogas, acusando a altos funcionarios venezolanos de liderar el "Cartel de los Soles". Sin embargo, el objetivo principal parece ser asfixiar económicamente al régimen de Maduro, cuya principal fuente de ingresos es la exportación de crudo. La Guardia Costera de EE.
UU. ya ha interceptado y confiscado al menos dos petroleros, el 'Centuries' y el 'Bella 1', y persigue activamente a un tercero.
Estas acciones han sido calificadas por expertos de la ONU como un "ataque armado". En respuesta, Nicolás Maduro ha denunciado el bloqueo ante el Consejo de Seguridad de la ONU, calificándolo como "la mayor extorsión", y ha recibido el respaldo explícito de Rusia y China, quienes acusaron a Washington de tener una "conducta de cowboy" y de amenazar la paz en la región. El Kremlin, además, ha ofrecido a Caracas "toda su cooperación" para romper el cerco.
La situación amenaza con agravar la ya precaria situación económica de Venezuela, con expertos advirtiendo sobre el riesgo real de una hambruna, y podría tener efectos colaterales en países como Cuba, dependiente del petróleo venezolano.
En resumenEstados Unidos ha intensificado su presión sobre Venezuela con un bloqueo naval en el Caribe, una medida que busca ahogar económicamente al gobierno de Maduro pero que ha sido condenada por Caracas, Rusia y China, creando un peligroso enfrentamiento geopolítico con graves consecuencias humanitarias.