Esta dualidad define el panorama actual del conflicto, que se acerca a su cuarto año sin una resolución clara a la vista.

Moscú ha intensificado sus ataques sobre territorio ucraniano, lanzando una avalancha de drones y misiles contra Kiev y otras regiones.

Según reportes ucranianos, en una sola jornada se registraron 519 drones y 40 misiles, causando víctimas mortales, heridos y graves daños a la infraestructura energética en medio de bajas temperaturas.

El presidente Volodímir Zelenski afirmó que estos ataques buscan afectar a la población civil.

Por su parte, Ucrania también ha demostrado capacidad ofensiva, atribuyéndose un ataque contra la refinería de petróleo de Syzran en la región rusa de Samara, instalación que, según Kiev, suministra combustible al ejército ruso. En este contexto de guerra de desgaste, donde Rusia controla cerca del 20% del territorio ucraniano, se gesta una crucial vía diplomática. Zelenski ha anunciado una próxima reunión con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para discutir un plan de paz de 20 puntos. Este plan, elaborado en conversaciones con Washington, contempla un acuerdo de no agresión y, notablemente, elimina el requisito de que Ucrania renuncie a su aspiración de unirse a la OTAN, una de las líneas rojas de Rusia. Zelenski se ha mostrado dispuesto incluso a convocar un referendo sobre el plan si Moscú lo acepta, aunque las perspectivas de un acuerdo son inciertas, ya que Rusia no parece dispuesta a ceder en sus demandas territoriales en la región del Donbás.