Posteriormente, el Comando África de EE. UU. y el Ministerio de Exteriores de Nigeria corroboraron la operación conjunta, afirmando que se llevó a cabo a petición de las autoridades nigerianas. La cooperación incluyó el intercambio de información y apoyo estratégico, resultando en la muerte de varios militantes del grupo extremista. Esta ofensiva se produce en un contexto de creciente inseguridad en el noreste de Nigeria, donde una insurrección yihadista ha estado activa desde 2009, y donde recientemente una explosión en una mezquita en Maiduguri dejó al menos siete muertos. La intervención directa de Estados Unidos evidencia la persistencia de la amenaza de grupos terroristas en el Sahel y la continuación de la estrategia estadounidense de combate al terrorismo a través de alianzas militares en el continente africano.