La elección presidencial en Honduras se ha visto empañada por semanas de incertidumbre, denuncias de fraude y una creciente tensión política. La victoria del candidato conservador Nasry Asfura, respaldado por Estados Unidos, ha sido declarada en medio de un polémico escrutinio que la oposición se niega a reconocer. Tras más de tres semanas de un lento y polémico conteo, el Consejo Nacional Electoral (CNE) declaró ganador a Nasry "Tito" Asfura, del Partido Nacional, con una ventaja mínima. El proceso estuvo marcado por retrasos, fallas técnicas y acusaciones de fraude tanto de la oposición como del oficialismo. El expresidente Manuel Zelaya, aliado del partido oficialista, denunció un "golpe de Estado electoral" y llamó a movilizaciones.
La situación se ha visto agravada por la intervención directa de Estados Unidos.
El gobierno de Trump, que respaldó abiertamente a Asfura, fue el primero en felicitarlo y ha ejercido una fuerte presión durante todo el proceso. Washington ha advertido sobre "consecuencias" para quienes obstaculicen el proceso electoral e impuso restricciones de visa a funcionarios electorales por presuntamente "socavar la democracia". Esta injerencia ha sido rechazada por sectores de la sociedad hondureña, que la consideran un golpe a su dignidad y soberanía. La crisis postelectoral deja al país centroamericano en un estado de alta polarización e inestabilidad.
En resumenLa polémica elección presidencial en Honduras, marcada por retrasos y acusaciones de fraude, ha generado una profunda inestabilidad política, exacerbada por la intervención directa de Estados Unidos y su respaldo al ganador declarado.