Por su parte, Rusia ha reaccionado con escepticismo.

Aunque el presidente Vladimir Putin se mostró dispuesto a dialogar con líderes europeos como Emmanuel Macron y a considerar una abstención de ataques si se celebran elecciones en Ucrania, el Kremlin ha negado la existencia de una cumbre trilateral y afirma "no saber nada" del plan modificado por Kiev. La diplomacia avanza en paralelo a una brutal realidad en el terreno.

Ambas naciones han intercambiado ataques masivos: Rusia ha bombardeado infraestructura energética y ciudades como Odessa, mientras Ucrania ha reivindicado atentados en Moscú, incluida la explosión de un coche bomba que mató a un general de alto rango. En este contexto, la Unión Europea ha acordado un crucial préstamo de 90.000 millones de euros para Kiev, aunque sin consenso para utilizar los activos rusos congelados.