Estas acciones, calificadas por Caracas como "piratería", han generado una crisis diplomática que involucra a potencias mundiales como Rusia y China.
La administración Trump ha justificado su ofensiva en el Caribe como una operación antidrogas contra el presunto "Cartel de los Soles", liderado, según Washington, por altos funcionarios venezolanos. El presidente Donald Trump ha intensificado la retórica, afirmando que no descarta una guerra y que su gobierno quiere "de vuelta" el petróleo venezolano. La estrategia ha incluido la interceptación y confiscación de buques petroleros, como el 'Centuries' y el 'Bella 1', y la imposición de nuevas sanciones. En respuesta, el gobierno de Nicolás Maduro ha denunciado las acciones ante el Consejo de Seguridad de la ONU como "piratería estatal" y una "extorsión", buscando el respaldo de sus aliados. Rusia y China han condenado la "conducta de cowboy" de EE.
UU., y Moscú ha ofrecido su cooperación para romper el cerco naval.
La crisis ha provocado una fuerte reacción regional; el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió que una intervención armada "sería una catástrofe humanitaria", mientras otros líderes latinoamericanos han mostrado división.
La situación amenaza con desestabilizar toda la región, con un impacto directo en la economía de Cuba, dependiente del crudo venezolano, y en la seguridad de naciones vecinas como Trinidad y Tobago.












