Una investigación periodística ha revelado la primera prueba del uso de cloro gaseoso como arma química, presuntamente por parte del ejército sudanés, para recuperar una refinería estratégica de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). La dimensión internacional del conflicto también se ha hecho evidente con informes sobre la presencia de mercenarios extranjeros, incluyendo una red que reclutó a exmilitares colombianos, de los cuales al menos 43 habrían sido abatidos. La crisis humanitaria es devastadora; los desplazados que llegan a campamentos improvisados enfrentan hambre y falta de refugio, con testimonios que relatan haber visto “muchos muertos” y haber recogido a niños huérfanos en el camino.