En paralelo, Estados Unidos ha ejecutado ataques de represalia contra el grupo Estado Islámico, mientras la población civil intenta reconstruir sus vidas en medio de la devastación. La situación en el norte de Siria sigue siendo “frágil”, según la ONU.
Recientes combates en Alepo entre las FDS y fuerzas gubernamentales dejaron al menos dos civiles muertos y estancaron las negociaciones para la integración de los combatientes kurdos al ejército sirio, aunque posteriormente se pactó una desescalada.
Simultáneamente, la lucha contra el yihadismo continúa.
Las fuerzas estadounidenses lanzaron una operación de represalia masiva, atacando más de 70 objetivos del grupo Estado Islámico en el centro del país. El presidente Trump describió la ofensiva como una “represalia muy seria” por un ataque previo que causó la muerte de personal estadounidense. En medio de la violencia persistente, hay destellos de resiliencia. En el pueblo de Al-Ghassaniyah, devastado por la guerra, un pequeño grupo de cristianos ha regresado después de más de una década para reconstruir sus hogares y celebrar la Navidad, un acto simbólico de esperanza. Sin embargo, el regreso a estas zonas está plagado de peligros, como la gran cantidad de minas y artefactos explosivos sin detonar que han causado un aumento en el número de víctimas civiles desde la caída del régimen de Bashar al-Assad.












