A casi un mes de las elecciones generales, Honduras sigue sin un presidente oficialmente declarado.

El escrutinio especial avanza lentamente, con el candidato conservador Nasry “Tito” Asfura, quien cuenta con el respaldo de EE.

UU., manteniendo una ligera ventaja.

En este contexto, el expresidente Manuel Zelaya ha denunciado un “golpe de Estado electoral” y ha llamado a la movilización, mientras que la presidenta Xiomara Castro ha alertado sobre un “golpe electoral” y una “intervención extranjera” por parte de Washington.

La tensión ha escalado con ataques con explosivos contra militantes del opositor Partido Nacional.

Estados Unidos ha jugado un papel activo en la crisis, instando a que el proceso se agilice y advirtiendo sobre “consecuencias” para quienes lo obstaculicen. Además, el gobierno estadounidense ha impuesto restricciones de visa a un magistrado y un consejero electoral por presuntamente “socavar la democracia”. Esta intervención ha sido rechazada por sectores de la población hondureña, que la consideran un golpe a su dignidad y soberanía. La prolongada espera de los resultados y las presiones externas han sumido al país en una profunda crisis de legitimidad.