Una disputa sobre la gobernanza de internet ha generado una nueva fuente de tensión transatlántica, con Estados Unidos sancionando a figuras europeas clave por su papel en la implementación de la Ley de Servicios Digitales de la UE. Washington considera la normativa un acto de “censura”, mientras que Europa la defiende como una herramienta necesaria para combatir la desinformación y el discurso de odio. El Departamento de Estado de EE. UU. anunció la revocación de visas y la prohibición de entrada a cinco ciudadanos europeos, entre ellos el excomisario de la Unión Europea, Thierry Breton. La administración Trump los acusa de “trabajar para eliminar cuentas estadounidenses en redes sociales” y de intentar censurar opiniones en línea. La medida apunta directamente a los impulsores de la Ley de Servicios Digitales de la UE, una ambiciosa regulación diseñada para combatir contenidos ilegales, discursos de odio y desinformación en las plataformas digitales. Desde Washington, sectores conservadores han calificado esta ley como un “arma de censura” dirigida contra el pensamiento de derecha.
La reacción europea fue inmediata y contundente.
El presidente francés, Emmanuel Macron, denunció las sanciones como “actos de intimidación” en plena Navidad.
Por su parte, Thierry Breton, uno de los principales arquitectos de la ley, comparó la acción estadounidense con la “cacería de brujas de McCarthy”. Este enfrentamiento evidencia una profunda divergencia filosófica sobre cómo regular el espacio digital, contraponiendo la visión estadounidense, que prioriza una interpretación amplia de la libertad de expresión, con el enfoque europeo, que busca establecer mayores responsabilidades para las plataformas tecnológicas.
En resumenLa sanción de funcionarios europeos por parte de EE. UU. en relación con la regulación digital marca un importante choque ideológico sobre la gobernanza de Internet. Mientras que la UE defiende su Ley de Servicios Digitales como una defensa contra la incitación al odio, la administración Trump la considera una forma de censura, lo que crea una brecha diplomática que enfrenta los conceptos estadounidenses de libertad de expresión con los esfuerzos europeos por regular los contenidos en línea.