El nombramiento de un enviado especial estadounidense para el territorio autónomo danés ha sido calificado como un acto indignante por Copenhague, que exige respeto a su soberanía. El gobierno de Trump ha reafirmado en múltiples ocasiones que Estados Unidos necesita anexionar Groenlandia por motivos tanto económicos como de seguridad nacional, citando su interés en los ricos recursos minerales de la isla y su ubicación estratégica. Lo que comenzó como una propuesta sorprendente ha escalado a una acción diplomática concreta con la designación del gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como enviado especial de EE.
UU. para Groenlandia.
Esta medida unilateral ha sido recibida con una fuerte condena por parte de Dinamarca.
El ministro de Relaciones Exteriores danés, Lars Lokke Rasmussen, se declaró “profundamente indignado” y convocó al embajador de Estados Unidos para exigir una explicación y el respeto a la soberanía danesa.
La Comisión Europea también ha expresado su apoyo a Dinamarca en esta disputa.
La insistencia de Washington en este asunto, que Copenhague considera cerrado, ha creado una fisura significativa entre dos aliados de la OTAN, poniendo de manifiesto un enfoque de la política exterior estadounidense que prioriza sus intereses estratégicos por encima de las normas diplomáticas tradicionales y las relaciones con sus socios históricos.












