La guerra civil en Sudán ha alcanzado un nuevo nivel de brutalidad, con investigaciones que revelan el uso de gas cloro como arma química por parte del ejército sudanés. La crisis se profundiza con la participación de mercenarios extranjeros, incluyendo colombianos, y el desplazamiento masivo de civiles que enfrentan el hambre y la falta de refugio. Una investigación exclusiva ha aportado pruebas del uso de cloro gaseoso por parte del ejército sudanés para recuperar una refinería estratégica de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). Este crimen de guerra se suma a otras atrocidades, como la masacre en El Fasher, donde imágenes satelitales revisadas por el Laboratorio de Investigación Humanitaria de Yale revelaron que los paramilitares eliminaron masivamente restos humanos para encubrir los hechos. El conflicto tiene una marcada dimensión internacional, con la existencia de una red que recluta mercenarios colombianos para combatir en el país.
Según el gobierno sudanés, al menos 43 de estos combatientes han sido abatidos, y sus familias en Colombia buscan respuestas sobre su destino.
La guerra ha provocado una devastadora crisis humanitaria.
Miles de desplazados internos llegan a campos improvisados como el de Tawila, que no dan abasto para cubrir las necesidades básicas.
Además, cerca de 27.000 refugiados sudaneses han huido a la vecina República Centroafricana, donde intentan sobrevivir en campamentos en medio de la inseguridad.
En resumenLa guerra civil en Sudán se caracteriza por una violencia extrema, que incluye el uso documentado de armas químicas y la ocultación de masacres. El conflicto cuenta con una dimensión internacional debido a la participación de mercenarios extranjeros y ha desencadenado una grave crisis humanitaria, obligando a miles de personas a huir de sus hogares y buscar refugio en condiciones precarias.